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Sobre artículos.

     Cierto día había finalizado un artículo, un reporte de un caso de un vólvulo cecal, específicamente lo que se denomina como báscula cecal. Si bien los dentro de la familia de todos los vólvulos, los cecales son raros, y de entre los tres tipos que existen la báscula es el más raro. Cabe aclarar que existen tipos más raros, como el gástrico y el de colon transverso, los cuales representan auténticos unicornios para el cirujano. Con un poco de suerte, en mi vida profesional alcanzaré a ver uno de ellos. O no. Porque realmente son raros. Sin embargo, con la suerte que a veces tengo, es muy probable que alguno de esos casos mitológicos llegue a mis manos.      Entonces, como cada vez que tengo un caso raro en mano, me documento, leo sobre el tema, y si lo amerita, visualizo un artículo. La báscula cecal ameritó que pusiera manos a la obra (o al teclado). Tras varios días de trabajo, finalmente logré ensamblar el escrito. Agregué un dibujo ilustrativo de lo...

Una acción...

     La edición número 94 de los Oscares fue marcada por un hecho sin precedentes: la agresión física del actor Will Smith al comediante Chris Rock, todo a causa de una mala broma dirigida hacia Jada Pinkett Smith, esposa del actor. Inmediatamente las redes fueron saturadas por comentarios en apoyo de ambos bandos. Por un lado, los que defendían a Will, sosteniendo que a veces era necesaria una respuesta física en contra de los bullyies a fin de frenar de tajo su agresión. Los contras defendieron que ninguna agresión física era justificable y mucho menos en una ceremonia vista por miles de personas en todo el mundo.      Al final, Chris quedó como un comediante inmoralmente extralimitado y Will como un agresor físico desenfrenado. Han sido catalogados y esas acciones los seguirán el resto de sus carreras.      Soy una persona que ha visto la depresión frente a frente, y que también la ha visto seducir mi cuerpo. La he escuchado susurrar a mi ...

Sobre horarios.

       —La entrada al servicio está marcada a las siete de la mañana. Sin embargo, ustedes saben que a las siete y media llegan los adscritos y hay que pasar visita. Todos, ustedes ellos y nosotros. A esa hora deben estar listas las indicaciones, las notas y las curaciones de sus pacientes. Lo mismo aplica para los adscritos de la tarde. Ellos pasan visita a las dos de la tarde —informó el residente de primer año de cirugía—. Así que en realidad, la entrada ustedes la deciden, pero a las siete y media debe estar listo todo...       «La entrada ustedes la deciden», quedó flotando en su cabeza. La frase quedó flotando en el aire, con una mezcla de incertidumbre, miedo y coraje. Lo que quería decir era que podíamos llegar a la hora establecida en el reglamento, pero si las curaciones, las indicaciones y las curaciones debían estar a tiempo. No había posibilidad de tener listo todo en treinta minutos. Así que tendríamos que llegar más temprano, otros ...

Muertos.

     —¿Y ya has visto muertos...? —preguntó la conocida de la colonia.      Para ese entonces era un joven estudiante de medicina que recién iniciaba su año de internado. Mi primer servicio fue Medicina Familiar, lo que implicaba que pasaba todas las mañana en una clínica y las guardias en el hospital, apoyando en el servicio de traumatología o urgencias.       —Si—respondí, así, a secas.       Esa era una pregunta que ya había sido hecha antes y que sería formulada un montón de veces en el futuro. Lo realmente extraño hubiera sido que alguien me hubiera preguntado si ya había recibido el primer bebé, si ya había tratado mi primer infarto o mi primera neumonía, o si ya había ferulizado con elegancia una fractura. Invariablemente, si una familia presume a su hijo como estudiante de medicina con alguien más (otros miembros lejanos de la familia, vecinos o amigos), una de las preguntas que invariablemente será formulada ...

Adiós al largo sueño.

Los gritos se escuchaban en todo el pasillo. Gritos que no eran de dolor. Los médicos no hubieran permitido que fueran de dolor. Lo hubieran inundado de analgésicos hasta que cualquier mínima sensación de ese malestar fuera borrada. No era eso. Un par de gritos más. Eran inhumanos, como aullidos de desesperanza que rasgaban la noche. El joven interno de pregrado había alcanzado a apartar una destartalada colchoneta para dormir unos minutos. Y justo en ese momento, habían comenzado los gritos que reverberaban en todo el piso de Medicina Interna. Los pacientes comenzaron a alterarse, el personal de la noche también.  El médico interno se había levantado solo por curiosidad. Era su diminuto turno de descanso, pero le era imposible conciliar el sueño en ese ambiente. O tal vez si, si hubiera estado suficientemente cansado. Él tenía tenía mucho sueño, pero también le asaltó la curiosidad por saber del paciente. Así que se levantó de la vieja colchoneta y fue a la habitación donde manaba...

Puntos y puntos.

—El vendaje Velpeau tiene su forma precisa de hacerse —expresó con seguridad la médico interno de pregrado—. Se cruza por aquí, luego se le da una vuelta así... ¡Y listo! —expresó triunfalmente.  La verdad. Me quedé impresionado por la seguridad con la que nos enseñó la forma de hacer ese vendaje. Se veía segura de su actuar.  —Fue un trauma el que me enseñó a hacerlo correctamente. Si quieren saber de vendaje, férulas y yesos, acérquense a los traumas. No todos son amables, pero siempre hay alguien que les puede enseñar...  El vendaje se veía impecable. Y el consejo de acercarnos a estos especialistas obedecía a que sabía que en un par de años nos tocaría estar en su lugar. Éramos los futuros médicos internos de pregrado, el siguiente eslabón dentro de la larga carrera de medicina.  Cuando escogí esta carrera, no tenía la más mínima idea de lo que tenía por delante. Sabía que se duraba siete años, algo muy por arriba de las carreras elegidas por otros compañeros de ...

Entrenamiento.

—Ahorita que termine el pase de visita necesito conversar seriamente contigo —expresó el cirujano de guardia, el adscrito del turno vespertino. Estábamos en el pase de visita de la tarde, el cual era mucho más llevadero que el matutino. Por las mañanas, casi todos los especialistas (un puñado de cirujanos, endoscopista, cirujano de tórax, oncólogo, cirujanos plásticos y urólogos) pasaban visita con cada uno de los pacientes de piso, independientemente de la asignación que tuvieran. Nunca faltaban los señalamientos a errores (muchas veces irrelevantes) o las llamadas de atención por detalles. Y por supuesto, los famosos castigos. Castigos que en forma oficial no existían, pero que en la realidad los residentes de mayor grado asignaban y que los jefes se hacían de la vista gorda en todas las ocasiones. Por la tarde, era distinto. Solo dos cirujanos de guardia y solo algunos residentes pasaban visita únicamente con sus pacientes asignados. Así que cuando aquel cirujano me hizo ese comenta...