Una acción...

     La edición número 94 de los Oscares fue marcada por un hecho sin precedentes: la agresión física del actor Will Smith al comediante Chris Rock, todo a causa de una mala broma dirigida hacia Jada Pinkett Smith, esposa del actor. Inmediatamente las redes fueron saturadas por comentarios en apoyo de ambos bandos. Por un lado, los que defendían a Will, sosteniendo que a veces era necesaria una respuesta física en contra de los bullyies a fin de frenar de tajo su agresión. Los contras defendieron que ninguna agresión física era justificable y mucho menos en una ceremonia vista por miles de personas en todo el mundo.
     Al final, Chris quedó como un comediante inmoralmente extralimitado y Will como un agresor físico desenfrenado. Han sido catalogados y esas acciones los seguirán el resto de sus carreras.
     Soy una persona que ha visto la depresión frente a frente, y que también la ha visto seducir mi cuerpo. La he escuchado susurrar a mi oído invitándome a dejar todo atrás. He visto los días grises a través de sus ojos y sentido la inapetencia por las alegrías y placeres de la vida bajo su manto. Me ha acurrucado y me ha dejado tendido en la cama solo respirando y contemplando si esa será la última bocanada de aire. La he vencido y me he alejado de ella. A veces ronda por ahí y quiere verme caer. No le he dejado la tarea fácil, pues tomo medidas contraofensivas. La mantengo a raya, lejos. Solo que a veces se necesita lo más mínimo para que acuda: escuchar un «no vales la pena» para que toque a tu puerta...
     Cuando mi padre murió, pensé que estaría de vuelta. Fue un duro golpe perder al que era mi mejor amigo en la vida. El mundo se cayó, pero las lágrimas fueron postergadas en pro de cuidar a mi madre. Tenía miedo. Estaba preocupado por mi madre y por mi, ante el riesgo de fallarle. 
     Como persona de ciencia, nunca había aceptado la posibilidad de una existencia después de la muerte. Todo cambió con esa tragedia. A los pocos días de su dolorosa partida, extrañamente clamé por saber si mi padre estaba bien. Inmediatamente, un colibrí apareció de la nada y revoloteo frente de mi. Tras algunos segundos elevó su vuelo y se perdió en el cielo. Desde entonces me he convencido que posiblemente no conozcamos todos los aspectos del Universo y que hay cosas que nos son veladas a nuestro entendimiento. Aprendí que hay mensajes que podemos pasar de largo en gran medida por la carencia de contemplación a nuestro alrededor, pero que si somos un poco más cuidadosos podemos captar. Estos mensajes son sutiles, están ahí escondidos y aparecen de forma fugaz. Pero existen. Ignoro quién los pone ahí: un ser supremo y divino, los azares de la vida, alguien más al otro lado del puente.
     Así que con el desconsuelo debido a un error mío, sintiéndome un mal ser humano, la frase salida de un viejo podcast flotó frente a mi: «una acción no define tu persona». Mi mensaje oculto. Antes de esa frase no recuerdo de que trataba el podcast, ni lo que vino después. Solo había tomado mis auriculares para buscar algo en qué entretenerme, algo para levantarme el ánimo, sin lograr encontrar nada. Tras unos minutos, hice una pausa para descansar de la presión de los auriculares ejercida sobre mi cabeza y reajustarlos, y al colocármelos de nuevo, la frase emergió: «...Una acción no define tu persona...».
     A lo largo de nuestras vidas, tendremos que enfrentarnos a etiquetas basados en nuestra apariencia física, en nuestras capacidades o en una acción. Seremos juzgados por algo que hicimos o dejamos de hacer. Otras tantas, por cosas que ni hemos realizado. La mayoría no harán mella en nuestro ser. Pero siempre existe el punto sensible que nos hará reconsiderar si lo expresado tiene cierto peso de verdad. Así que tomemos unos minutos, reconsideremos los hechos y veamos si un solo punto tiene mayor peso que una línea. Y veremos qué no. Es cierto. Si ponemos un punto y otra y otro, haremos una línea que podría llegar a tener el mismo valor que la línea original. Pero un solo punto no. Una sola acción no.
     Un mal resultado de una cirugía, un paciente disgustado con tu trabajo, un error en la vida no te definen como persona...
     Así que, levántate, deja ese punto atrás y prosigue tu vida.

PD: Definitivamente soy «team Will Smith». Ya basta con los bullyies. A lo largo de toda mi vida estudiantil los he visto, incluyendo en la universidad y en la especialidad. Un montón de gente estúpida que se cree graciosa resaltando los defectos de los demás, como si ellos estuvieran tallados por los dioses. Hace falta un Will Smith en sus vidas que les haga cerrar ese hiriente hocico.

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