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Mostrando entradas de octubre, 2021

Adiós al largo sueño.

Los gritos se escuchaban en todo el pasillo. Gritos que no eran de dolor. Los médicos no hubieran permitido que fueran de dolor. Lo hubieran inundado de analgésicos hasta que cualquier mínima sensación de ese malestar fuera borrada. No era eso. Un par de gritos más. Eran inhumanos, como aullidos de desesperanza que rasgaban la noche. El joven interno de pregrado había alcanzado a apartar una destartalada colchoneta para dormir unos minutos. Y justo en ese momento, habían comenzado los gritos que reverberaban en todo el piso de Medicina Interna. Los pacientes comenzaron a alterarse, el personal de la noche también.  El médico interno se había levantado solo por curiosidad. Era su diminuto turno de descanso, pero le era imposible conciliar el sueño en ese ambiente. O tal vez si, si hubiera estado suficientemente cansado. Él tenía tenía mucho sueño, pero también le asaltó la curiosidad por saber del paciente. Así que se levantó de la vieja colchoneta y fue a la habitación donde manaba...

Puntos y puntos.

—El vendaje Velpeau tiene su forma precisa de hacerse —expresó con seguridad la médico interno de pregrado—. Se cruza por aquí, luego se le da una vuelta así... ¡Y listo! —expresó triunfalmente.  La verdad. Me quedé impresionado por la seguridad con la que nos enseñó la forma de hacer ese vendaje. Se veía segura de su actuar.  —Fue un trauma el que me enseñó a hacerlo correctamente. Si quieren saber de vendaje, férulas y yesos, acérquense a los traumas. No todos son amables, pero siempre hay alguien que les puede enseñar...  El vendaje se veía impecable. Y el consejo de acercarnos a estos especialistas obedecía a que sabía que en un par de años nos tocaría estar en su lugar. Éramos los futuros médicos internos de pregrado, el siguiente eslabón dentro de la larga carrera de medicina.  Cuando escogí esta carrera, no tenía la más mínima idea de lo que tenía por delante. Sabía que se duraba siete años, algo muy por arriba de las carreras elegidas por otros compañeros de ...

Entrenamiento.

—Ahorita que termine el pase de visita necesito conversar seriamente contigo —expresó el cirujano de guardia, el adscrito del turno vespertino. Estábamos en el pase de visita de la tarde, el cual era mucho más llevadero que el matutino. Por las mañanas, casi todos los especialistas (un puñado de cirujanos, endoscopista, cirujano de tórax, oncólogo, cirujanos plásticos y urólogos) pasaban visita con cada uno de los pacientes de piso, independientemente de la asignación que tuvieran. Nunca faltaban los señalamientos a errores (muchas veces irrelevantes) o las llamadas de atención por detalles. Y por supuesto, los famosos castigos. Castigos que en forma oficial no existían, pero que en la realidad los residentes de mayor grado asignaban y que los jefes se hacían de la vista gorda en todas las ocasiones. Por la tarde, era distinto. Solo dos cirujanos de guardia y solo algunos residentes pasaban visita únicamente con sus pacientes asignados. Así que cuando aquel cirujano me hizo ese comenta...

Indolencia.

—...Que mejoren los tiempos... —fue la expresión de la anestesióloga, tajante e insensible— La vamos a diferir... —expresó, mirándome a los ojos. —Haga lo que tenga que hacer, doctora —respondí, levantando las manos, aún tranquilo.  —Pues es que se transfundió y los tiempos en vez de mejorar se alargaron —expresó justificándose.  —¿Será por la sepsis, doctora? —le pregunté sarcásticamente.  —Pues si, pero además mira la hora que es...  Contemplé el monitor. Eran las 12:30 justas. Teníamos aún hora y media por delante del turno.  —Pues tenemos una hora y media, doctora...  —Pues ya es tarde —replicó.  —Usted sabe que yo no pierdo tiempo en mis procedimientos, que no soy lento...  —Si, yo lo sé...  —¿Entonces? —pregunté, ya discretamente molesto.  —Que si la tengo que intubar y subir así, viene el cambio de turno y nos vamos a tardar.  —Entonces ponga eso en su nota y difierala.  —El problema es que lleva dos días hospitalizada y...