Adiós al largo sueño.
Los gritos se escuchaban en todo el pasillo. Gritos que no eran de dolor. Los médicos no hubieran permitido que fueran de dolor. Lo hubieran inundado de analgésicos hasta que cualquier mínima sensación de ese malestar fuera borrada. No era eso. Un par de gritos más. Eran inhumanos, como aullidos de desesperanza que rasgaban la noche. El joven interno de pregrado había alcanzado a apartar una destartalada colchoneta para dormir unos minutos. Y justo en ese momento, habían comenzado los gritos que reverberaban en todo el piso de Medicina Interna. Los pacientes comenzaron a alterarse, el personal de la noche también. El médico interno se había levantado solo por curiosidad. Era su diminuto turno de descanso, pero le era imposible conciliar el sueño en ese ambiente. O tal vez si, si hubiera estado suficientemente cansado. Él tenía tenía mucho sueño, pero también le asaltó la curiosidad por saber del paciente. Así que se levantó de la vieja colchoneta y fue a la habitación donde manaba...